HISTORIA DE LA LAPAROSCOPIA UROLÓGICA
Mariano Pérez Albacete
Servicio de Urología
Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca. Murcia
Correo: mariano.perez2@carm.es
RESUMEN
Introducción. La técnica laparoscópica se ha introducido como método habitual en la mayoría de los grandes hospitales de todo el mundo. Hasta llegar a este punto ha transcurrido casi un siglo durante el cual un sinnúmero de médicos investigadores han ido puliendo y perfeccionando tanto los instrumentos precisos como las técnicas quirúrgicas y puesto a punto los diferentes métodos operatorios en variadas patologías.
Material y métodos. Revisión de la bibliografía internacional para analizar el desarrollo de la laparoscopia como técnica exploratoria y quirúrgica.
Contenido. Se presenta un resumen histórico desde los inicios de la laparoscopia como medio de exploración, seguido de los sucesivos adelantos en el material necesario para su práctica, para luego centrarnos en el desarrollo y evolución de la cirugía urológica laparoscópica con la enumeración de los pioneros en cada procedimiento urológico.
Palabras clave: Historia de la laparoscopia. Laparoscopia urológica.
ANTECEDENTES Y DESARROLLO TÉCNICO INICIAL
El interés por la exploración del interior de nuestro organismo ha sido una constante en la Historia de la Medicina desde la época de Philipp Bozzini (1773-1809) de Frankfurt, quien tuvo la idea de introducir por la uretra un tubo metálico iluminado por la luz de una bujía desde el exterior, aparato que presentó en la Escuela Médica de Viena en 1806 y que suscitó una gran aceptación por los ginecólogos; el francés Desormeaux (1815-1882) mejoró el instrumento, al que denominó endoscopio, dotándolo de espejos que reflejaban la luz y de este modo alcanzó a visualizar el interior vesical y cuyos resultados expuso a la Academia de Medicina de París en 1856.
Pero no fue hasta que el berlinés Maximilian Nitze (1849-1906) construyó su cistoscopio, con el que colocó el foco luminoso dentro de la propia cavidad vesical para la exploración de su interior, y lo presentó en la Real e Imperial Sociedad de Medicina de Viena en 1879, cuando comenzó de un modo útil el reconocimiento endoscópico de nuestro medio interno. Este autor pronto mejoró el aparato al dotarlo de una ventana lateral, lo que permitió reconocer toda la pared vesical. Más adelante, en 1886, con la ayuda del constructor de instrumentos de Viena, Josef Leiter (1830-1892) le adapta una pequeña lámpara incandescente de Edison, con la que amplió considerablemente la intensidad lumínica1-2.
Mientras los urólogos iniciaban la exploración vesical, otros médicos como el ginecólogo Ott, de San Petersburgo, intenta reconocer el interior de la cavidad abdominal por medio de una cánula introducida en el abdomen e iluminada mediante un fotóforo frontal, método al que denominó ventroscopia; por las mismas fechas el alemán de Dresde, George Kelling, introdujo un cistoscopio a través de un orificio abierto en la pared abdominal de un perro, con la finalidad de inspeccionar el contenido intestinal. Sus resultados los presentó en el Congreso de la Sociedad Médica y de Biología Germana, en Hamburgo en septiembre de 1901, a esta técnica de estudio la denominó celioscopia3.
En 1910, H. C. Jacobeus de Estocolmo, publica un estudio en el que introduce un cistoscopio tanto en el tórax como en el abdomen de un varón, a través de un trócar tras distender la cavidad con agua o aire indistintamente, para explorar y reconocer su interior, denominó al método Laparoscopia o toraxcopia4. En 1911, Bertram M. Berheim, del Johns Hopkins Hospital, publicó en Annals Surgery un trabajo titulado «Organoscopia: cistoscopia de la cavidad abdominal»5. En 1916, O. Goetze desarrolla una aguja de punción que mejora la insuflación de aire para producir el neumoperitoneo; Ordonoff, en 1920, perfecciona la punta y la convierte en piramidal para facilitar su penetración a través de los tejidos; Stone desarrolla un dispositivo valvular en el trócar que impide la salida del gas intraabdominal. En 1929, Kalk crea una óptica de 135º con visión oblicua con lo que se mejora la calidad visual a lo que añade la colocación de más de un trócar lo que le permite obtener biopsias hepáticas. En 1934, el suizo Zollikofer utiliza dióxido de carbono en lugar de aire para la insuflación abdominal, de este modo se disminuye el riesgo de presentar el paciente una embolia gaseosa y se minimiza el de irritación peritoneal6. En 1938, el húngaro Janos Veress, médico internista de Viena, diseña una aguja atraumática para la creación de neumotórax, posee una vaina externa con la punta en bisel y un estilete interno romo que se exterioriza en el momento de penetrar en la cavidad abdominal con lo que evita dañar los órganos internos razón por la cual fue adoptada inmediatamente para la producción del neumoperitoneo previo a la introducción de los trocares.
Con estas demostraciones se aprecia el interés creciente en reconocer visualmente el estado de los órganos internos, durante la toda la primera mitad del siglo XX prosiguen los experimentos, se inicia un sin número de mejoras y de modificaciones técnicas en los aparatos, de invenciones y aplicaciones múltiples, con lo que poco a poco se pule y perfecciona el sistema y el método de exploración. Como ocurre con todas las grandes innovaciones, ha sido el fruto del trabajo de muchos investigadores lo que ha hecho posible la realidad laparoscópica actual.
LOS PRIMEROS PROCEDIMIENTOS QUIRÚRGICOS LAPAROSCÓPICOS
Kurst Semm, un ginecólogo de Kiev, descubre el insuflador automático, y diseña, además, un gran número de instrumentos de corte, coagulación, ligadura y sutura para poder llevar a cabo esta cirugía, de la que ya en 1966 describe procedimientos quirúrgicos reglados y bien elaborados por lo que se le considera el Padre de la Laparoscopia. Desde este momento la laparoscopia entra de lleno en el campo de la cirugía ginecológica7. En 1974, Hasson diseña su trócar sin punta cortante.
En 1987, el francés Phillipe Mouret presenta en Lyon el primer vídeo sobre la extirpación laparoscópica de la vesícula biliar8 Dos años más tarde su paisano Dubois publica en Presse Medical9 su experiencia inicial y los americanos Reddick y Olsen, lo hacen en un trabajo aparecido en Surgery Endoscopy, en el que comparan la técnica laparoscópica en 200 colecistectomías con la cirugía convencional y exponen las evidentes ventajas y excelentes resultados obtenidos con la laparoscopia con lo que desatan el interés de todos los cirujanos generales por este método quirúrgico10.
El auge que adquiere la cirugía laparoscópica en manos de los ginecólogos a partir de los años setenta y de los cirujanos generales desde los ochenta hace que los urólogos vuelvan la vista a este procedimiento de intervención quirúrgica, del que la Urología por carecer de un órgano de fácil acceso y asequible para la mayoría, postergó su avance y desarrollo. Los primeros intentos de cirugía urológica laparoscópica comenzaron con la intención de abordar el riñón por vía retroperitoneal al considerarlo como la vía más apropiada, así, en 1969, M. Bartel realiza una retroperitoneoscopia en un cerdo pero no logra abrir un espacio suficiente de trabajo11, otros autores como Witmorser, Sommerkemp, Ramussen y Wurtz, realizan a lo largo de los años setenta intentos similares sin éxito. En 1983 Wickham logra mediante la insuflación de CO2 distender el retroperitoneo y puede realizar una ureterolisis12. Weimberg y Smith en 1988, intentan extirpar el riñón de un animal de experimentación, por vía percutánea retroperitoneal laparoscópica, previa embolización de la arteria y vena renal13. Tras los primeros fracasos en el abordaje retroperitoneal, Gaur logra, en 1992, con la ayuda de un globo neumático que insufla, efectuar una disección atraumática del espacio retroperitoneal lo que hace accesible la vía a través de la que logra realizar una nefrectomía, seguida mas adelante de una pielotomía y una pieloplastia14-15, gracias a esta innovación la disección retroperitoneal se facilita y se convierte en la puerta de entrada a numerosos procedimientos de abordaje retroperitoneal. Kavoussi describe un caso de ureterolisis por fibrosis retroperitoneal16 y Raboy una ureterolitectomía17, ambos en 1992; actualmente el dominio y el perfeccionamiento técnico hacen innecesario el uso de la distensión con el globo.
APLICACIÓN DE LA LAPAROSCOPIA A LA UROLOGÍA
A partir del año 1976, se introduce en Urología la laparoscopia transperitoneal como medio de exploración en la búsqueda de testículos intraabdominales y en el diagnóstico de los estados intersexuales, de la mano del madrileño Pedro G. Páramo a la par que el italiano Cortesi quienes fueron los primeros en publicar su utilización diagnóstica18-19. El uso terapéutico se inició en enero de 1988 por el malagueño Sánchez de Badajoz quien publica la realización de una varicocelectomía por medio de la vía laparoscópica transperitoneal en un paciente20. No es hasta 1990 cuando el profesor Clayman y colaboradores, de la universidad de Washington, realizan la primera nefrectomía laparoscópica experimental en un cerdo por vía transperitoneal; sus investigaciones perfeccionaron el procedimiento, que pudo aplicarse en humanos el 25 de junio de 199121; en ese mismo año Schuessler dio el siguiente paso al realizar una linfadenectomía ilioobturatriz para el estadiaje del carcinoma prostático22.
A partir de ese momento, y tras la amplia difusión dada al procedimiento en el Congreso de la Asociación Americana de Urología (AUA) de 1992, la laparoscopia entra definitivamente en el arsenal terapéutico urológico y se acepta por la comunidad urológica internacional como técnica válida de utilización cotidiana. Se inicia entonces una carrera de los equipos urológicos de todo el mundo que no dejan de investigar para perfeccionar y poner a punto metodologías diversas, reducir los tiempos quirúrgicos y mejorar sus resultados laparoscópicos que poco a poco van cubriendo todo el campo quirúrgico de la especialidad y que comienzan a inundar las publicaciones urológicas. Los urólogos presentan multitud de vídeos en los congresos exponiendo sus procedimientos y resultados y a su vez las críticas a determinadas indicaciones como la varicocelectomía y la linfadenectomía, que ya no cubrían las expectativas puestas en ellos y que constituían el grueso de las indicaciones laparoscópicas iniciales en Urología.
SITUACIÓN ACTUAL DE LA LAPAROSCOPIA UROLÓGICA
La cirugía urológica laparoscópica se encuentra actualmente en pleno desarrollo. Su aplicación renal es el procedimiento en el que se han producido más avances y el que cuenta con numerosas aplicaciones y distintas modalidades: la nefrectomía transperitoneal está ya consolidada no solo para pequeños riñones sino para todo tipo de patologías como la cirugía oncológica renal que en un principio era rehuida por algunos, por el riesgo de diseminación de células tumorales y por la necesidad de desmenuzar el riñón para su extracción. Dado que una de las primeras nefrectomías de la serie de Clayman resultó ser un oncocitoma, esto animó a realizarlas en tumores y Coptcoal, presenta en el III Congreso de Mínima Invasión, en 1991, en Boston, una nefrectomía radical por un carcinoma23 y Ono, en 1993, dos casos de nefrectomía por carcinoma renal, sin morcelar el riñón, que extrae con la ayuda de una pequeña incisión24. La nefrectomía parcial es también otro de los procedimientos que se han desarrollado con éxito por parte de Chanduoke en 199325 así como una heminefrectomía que llevaron a cabo en el mismo año Jordan y Winslow26.
La introducción de la mano en el interior del campo quirúrgico laparoscópico como ayuda ha supuesto una importante modificación técnica y una gran ayuda para el cirujano. Fue Winfield27 quien introdujo en primer lugar un dedo por el orificio de uno de los trocares para facilitar la disección, posteriormente han sido varios grupos los que han desarrollado la técnica: Boland28 en 1993 y Thierney29 en 1994 exponen sus trabajos en Mínima Invasión Therapy; Tschada la experiencia del grupo germano con una mano enguantada en 199530 y Bannenburg en 1996 desarrolló un manguito especialmente diseñado para este fin que utilizó experimentalmente en cerdos31 a la par que Nakada presenta el denominado NeumoSleep y sienta los principios de la nefrectomía mano asistida en el hombre32, por último Wolf compara la nefrectomía radical por tumor utilizando ambos métodos y se decanta, desde 1998, por el uso de la mano en esta opración33-34.
En 1994 Gill demostró la posibilidad de efectuar nefrectomías laparoscópicas de donante vivo en el cerdo35; al año siguiente, Schulam, del grupo de Clayman, describió la primera serie de nefrectomías de donante renal en humanos en el Johns Hopkins Hospital de la universidad de Maryland36 y Ratner en 1995 detalló la técnica de nefrectomía en donante vivo37 a la par que Wolf defiende la asistida con la mano38; este último junto con Slakey39 exponen el procedimiento y sus ventajas: puesto que es necesaria una incisión entre 6 y 8 cm. para la extracción del riñón al utilizar la mano desde el inicio de la operación se disminuye el tiempo de duración de la misma y se facilita la disección y la localización vascular y el realizar una tracción suave con la mano permite un mayor control de las hemorragias, además de precisar una curva de aprendizaje menor. Además para el trasplante el tiempo de isquemia del órgano es menor, lo que favorece la supervivencia del injerto.
El acceso a la glándula suprarrenal es presentado en varios vídeos en el congreso de la AUA de 1992, realizado por vía retroperitoneal en cerdos por Brunt40, del grupo de Clayman, mientras tanto Schuessler lo efectúa en humanos por vía transperitoneal41 y Gagner y Suzuky, describen, cada uno y por separado, la exéresis de un feocromocitoma suprarrenal42-43; el alemán Rassweiler expone la técnica reglada de la nefroureterectomía y de la adrenalectomía en 199344.
El acceso retropúbico vesical fue utilizado por vez primera por Sánchez de Badajoz en 1988, para efectuar una colposuspensión laparoscópica45, en sus inicios se realizó mediante el uso de puntos intra o extra cavitarios; Ou en 1993 utilizó un trozo de malla de polipropileno grapado a los alerones vaginales y al ligamento de Cooper46, técnica que prevalece en el tiempo. Raúl Parra en 1992, efectuó una diverticulectomía vesical ayudado por la transiluminación de un cistoscopio transuretral y también realizó una cistectomía radical en un paciente previamente derivado47-48, también Sánchez de Badajoz es el primero en practicar una cistectomía radical seguido de una ileoureterostomía en 199349. De este modo han ido paulatinamente incorporándose al arsenal quirúrgico urológico multitud de técnicas factibles de abordar por medio de la cirugía laparoscópica; el último procedimiento que se abre camino actualmente corresponde a la prostatectomía radical, realizada por vez primera por Schuessler en 199250 , no se encontraron ventajas sobre la cirugía convencional hasta que los grupos franceses de Montsouris dirigidos por Guillonneau y Vallancien, en París, han sido los que han continuado puliendo la técnica y al perfeccionarla y disminuir el tiempo operatorio lo han convertido en una alternativa válida51-52 que es actualmente seguida en gran numero de centros urológicos de todo el mundo como intervención rutinaria al igual que el resto de procedimientos descritos.
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