¿CONTRIBUYE LA CONFECCIÓN DEL NEUMOPERITONEO A BAJAS PRESIONES
EN LA COLECISTECTOMÍA LAPAROSCÓPICA A REDUCIR EL DOLOR POSTOPERATORIO?
JORGE RAMÓN LUCENA OLAVARRIETA.
Profesor Titular de Cirugía. Escuela Luis Razetti. Facultad de
Medicina. Universidad Central de Venezuela (Caracas).
DISCUSION
El dolor post CL es una manifestación frecuente y estresante. Su
etiología y patogénesis no están aun claramente delineadas.
Algunos investigadores creen que puede ser el resultado de la irritación
del diafragma de naturaleza química causada por el CO2,
ya que este gas puede transformarse, al combinarse con los fluidos intraperitoneales,
en ácido carbónico, el cual resulta irritante2-5.
Estas opiniones se sustentan en observaciones tras las CLs en las que
se utiliza óxido nitroso para el neumoperitoneo: en estos casos
los pacientes experimentan menos dolor postoperatorio que cuando se realiza
con CO22.
Sin embargo, otros autores creen que este tipo de molestia tras la CL
se debe al grado de sobredistensión de las fibras del músculo
diafragma, ocasionada por las altas presiones y volúmenes del gas
utilizado para el neumoperitoneo que causa la irritación diafragmática.
Estudios clínicos controlados randomizados (ECC) publicados recientemente
han demostrado que la distensión de la cavidad abdominal es una
fuente significativa de dolor postoperatorio7;
y se ha señalado que las bajas presiones de insuflación
del gas reducen en gran medida la intensidad del dolor8.
Diversas investigaciones se han llevado a cabo buscando un método
para reducir la frecuencia e intensidad del dolor localizado en el hombro.
Numerosos esquemas de analgesia peri operatoria se han estudiado9-10,
y los resultados obtenidos han sido diferentes. La administración
subcutánea e intramuscular de anestésicos también
ha sido valorada11-12, sin embargo,
ninguna vía de administración ha resultado suficientemente
favorable para justificar su uso rutinario13.
La anestesia local intraperitoneal ha resultado efectiva en la reducción
del dolor postoperatorio tras los procedimientos laparoscópicos
ginecológicos14,15,16, pero estos
beneficios han resultado inciertos cuando se aplican a pacientes sometidos
a CL14,17,18.
Hemos obtenido buenos resultados para reducir este tipo de dolor con la
irrigación subdiafragmática intraperitoneal de solución
salina normal tibia al final de la intervención y, después
de haber extraído el gas, irrigando la misma área con bupivacaína,
como lo reportan Cunniffer MG y cols. en 199817.
No se ha utilizado el calentamiento del CO2
a 37 grados centígrados durante la laparoscopia como lo sugieren
Korell M y cols. en 1996, para reducir este tipo de molestia, ya que se
requieren equipos especiales(19). Las
deducciones de esta investigación demuestran que existe relación
directa positiva (coeficiente de correlación de Pearson + 0.7831
- s = 0.001) entre la frecuencia e intensidad del dolor postoperatorio
localizado en el hombro y la confección del neumoperitoneo, insuflando
el gas a bajas presiones (menor o igual a 9 mm de Hg) tras la introducción
de los trócares desde los valores iniciales de 12-13 mm Hg a niveles
iguales o inferiores a 9 mm Hg. Los datos reportados en esta serie, en
cuanto a la incidencia de dolor en el hombro, tras utilizar presiones
altas para el neumoperitoneo, son comparables a los señalados en
la literatura. Asímismo, la incidencia en el grupo de bajas presiones
fue más baja. La intensidad registrada para el dolor de acuerdo
con la escala visual ordinal fue más baja en aquellos pacientes
sometidos a CL con presiones bajas de CO2.
Estas evidencias concuerdan con las de otros autores, como Unbehaun N
et al. en 1995, quienes encontraron correlación entre la presión
intrabdominal de dióxido de carbono y el dolor postoperatorio(20).
Los autores atribuían estos resultados a la reducción en
los volúmenes del consumo de gas en el grupo de bajas presiones,
comparándolos con el grupo control (ibid). En este estudio el consumo
promedio de CO2 en litros en el grupo
A fue de 54,63+-DE5.707 (en menos del 50% de las intervenciones el consumo
fue de 53 litros) con un rango de 29 (41-70) litros, mientras que en el
grupo B el consumo promedio fue de 66,67+-DE5,44 litros. En el 50% de
las CLs se consumieron 65 litros (modo 63, rango 19 (60-79) (Gráficos
5-6). No se presentaron complicaciones de importancia en esta cohorte
en ninguno de los dos grupos de estudio, y el promedio de duración
de la cirugía fue comparable (prueba t = 1.3 gl
2 nivel de confianza: 0.05). En la técnica empleada en las CLs
a bajas presiones de insuflación, la inserción de los trocares
fue muy cuidadosa para evitar los riesgos de lesiones en las vísceras
intrabdominales, decidiéndose en la fase inicial de la cirugía
la introducción de los trócares con altas presiones (más
de 13 mmHg), reduciéndolas inmediatamente después.
Aunque las mediciones de intensidad del dolor difirieron entre los dos
grupos de estudio, el número de pacientes que no requirió
ningún tipo de medicación analgésica fue similar(21).
Esta falla en la correlación directa puede ser debida a la necesidad
de la utilización de analgésicos para el dolor abdominal,
más que al dolor en el hombro en el post operatorio inmediato.
Consideramos necesario realizar futuras investigaciones para mejorar la
calidad de los cuidados postoperatorios en estos pacientes, ya que el
uso de la insuflación del gas CO2
no compromete la aplicación de otros métodos de analgesia
para reducir las complicaciones dolorosas futuras.
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