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ESOFAGOCARDIOMIOTOMÍA LAPAROSCÓPICA EN EL TRATAMIENTO DE LA ACALASIA. EXPERIENCIA EN NUESTRO CENTRO.

J. Die Trill; E. Lobo; J. Pérez de Oteyza; R. Peromingo; J. Galindo; P. Carda Abella; V. Fresneda.
Servicio de Cirugía General y Digestiva. Hospital Universitario Ramón y Cajal. Madrid.

Correspondencia a: Javier Die Trill. C/ Sambara n† 4. 5†- A. Madrid 28027
e-mail:
javier.die@terra.es

RESUMEN

El extraordinario empuje de las técnicas laparoscópicas nos obliga a una revisión de nuestros resultados, tanto en forma de complicaciones intraoperatorias como de los resultados funcionales. Pacientes y métodos: revisamos retrospectivamente 46 pacientes intervenidos mediante técnica laparoscópica entre los años 1993 y 2001 en nuestro servicio. Resultados: Se completó el tratamiento mediante laparoscopia en 42/46 (91%). En 6 pacientes hubo perforación de la mucosa esófago-gástrica y en un paciente se desarrolló un hemotórax postoperatorio drenado mediante colocación de un tubo de tórax. El porcentaje de fístulas y la mortalidad postoperatoria fueron nulos.
Los resultados clínicos con un seguimiento medio de 33 meses son óptimos con tan sólo 1/46 (2.17%) re-intervenido por persistencia de síntomas. Conclusión: la técnica laparoscópica ofrece resultados óptimos para el tratamiento de la acalasia, aunque para su realización se precisa experiencia previa importante en el manejo de la laparoscopia y en el tratamiento de la acalasia mediante laparotomía. Palabras clave: acalasia, laparoscopia, esófagocardiomiotomía.



INTRODUCCIÓN

La achalasia se define como una alteración motora primaria del esófago por degeneración de las neuronas del plexo mientérico del mismo, resultando en una pérdida de la peristalsis del cuerpo esofágico y una relajación incompleta o inadecuada del esfínter esofágico inferior. Estos cambios provocan una alteración en el vaciamiento esofágico con dilatación del mismo y acumulación de alimentos dando como síntomas principales una disfagia intermitente y progresiva y regurgitación1-3.

El tratamiento quirúrgico quedó establecido tras los trabajos de Heller. La aparición de mejoras en las técnicas de dilatación mejoró los resultados de las dilataciones clásicas pero sin superar los quirúrgicos (95 % de resoluciones clínicas a los 5 años con cirugía, frente al 65 % con las dilataciones neumáticas) 1-10. Un 15-35 % de los pacientes sometidos a dilataciones neumáticas acabarán precisando tratamiento quirúrgico)1-3.
Intentos menos agresivos con aplicación de toxina botulínica desgraciadamente no han dado los resultados esperados, por lo que el tratamiento quirúrgico sigue siendo uno de los principales instrumentos a la hora de enfrentarse a ésta patología.

En cuanto al tratamiento quirúrgico de elección, una vez comprobado que los resultados clínicos de la laparoscopia son equiparables a los de la laparotomía, y que aventaja a ésta última en tiempo de hospitalización, dolor postoperatorio, tiempo de recuperación y menor gravedad real y percibida por el paciente, la esófago-cardiomiotomía laparoscópica es el tratamiento de elección en los pacientes en los que el tratamiento quirúrgico esté indicado, acompañado siempre de una técnica antirreflujo tipo Dor en nuestro caso4-10.

Así realizamos un estudio retrospectivo de los primeros cuarenta y seis casos intervenidos en nuestro centro, haciendo hincapié en las incidencias intraoperatorios surgidas y cómo fueron resueltas, así como en la influencia de la " curva de aprendizaje " en el manejo intraoperatorio de los pacientes. También se revisan datos como la edad, sexo de los pacientes, clínica de presentación, tratamientos previos al quirúrgico y seguimiento postoperatorio.



PACIENTES Y MÉTODOS

Revisamos retrospectivamente cuarenta y seis pacientes intervenidos en nuestro centro con el diagnóstico de achalasia en el período comprendido entre junio de 1993 a marzo del 2001. Veintisiete de los casos son mujeres y diecinueve son varones con edades comprendidas entre los 22 y 74 años (media de 47.8 años).

La sintomatología de los pacientes era principalmente la disfagia en un 94% (un 40% esporádica y un 60% permanente; a sólidos y líquidos en un 81% y en el 19% la disfagia a líquidos era especialmente evidente). Otros síntomas fueron dolor retroesternal en un 34%, regurgitación 75%, pérdida de peso en un 45% (en la mitad menor de 5 kgs.) y episodios de brocoaspiración en un 15%.(Tabla 1).


La indicación del tratamiento quirúrgico fue establecida en 33/46 (71%) pacientes por recidiva sintomática tras dilatación neumática (un 66% de éstos sufrieron dilataciones neumáticas en dos o más ocasiones); en 13/46 (29%) se indicó por riesgo de perforación con la dilatación neumática ante la presencia de un esófago tortuoso.
En cuanto a las pruebas diagnósticas utilizadas, en todos los pacientes se realizó esofagograma con bario, manometría, panendoscopia oral y ecografía abdominal. El esofagograma mostró la imagen característica en pico de pájaro en un 90% de los casos, con presencia de un megaesófago mayor de 5 centímetros en 14/46 pacientes (30%) y de ondas terciarias en 13/46 (28%).

La manometría evidenció el patrón característico de aperistalsis en el cuerpo esofágico, y relajaciones incompletas o ausentes en el esfínter esofágico inferior (EEI) en 32/46 pacientes (70%); en 7/46 (15%) pacientes la manometría fue incompleta por imposibilidad de atravesar el EEI, aunque el cuerpo esofágica era aperistáltico y en 7/46 (15%) el cuerpo esofágico tenía ondas de alta presión con el EEI con relajaciones incompletas o ausentes (lo que correspondería a la achalasia vigorosa) (tabla 2). La endoscopia fue realizada en todos los pacientes con el objeto de descartar una pseudoachalasia.


En cuanto a la técnica quirúrgica, en todos se realizó una esófago-cardiomiotomía de Heller de unos 8 centímetros de longitud hasta las fibras oblicuas gástricas, con una hemifunduplicatura anterior tipo Dor, mediante técnica laparoscópica, asociando en 4 casos una colecistectomía por colelitiasis concomitante. El corte de las fibras musculares se realizó con tijeras sin cauterización selectiva de vasos superficiales, presentándose las mayores dificultades en la porción gástrica por su mayor vascularización.



RESULTADOS

Se completó la técnica laparoscópica en 42/46 pacientes (91.3%). En los cuatro pacientes en los que hubo que reconvertir, uno de los casos fue por adherencias múltiples y en los tres restantes casos por perforación de la mucosa. Complicaciones intraoperatorias surgieron en 7/46 casos (15.2%) en forma de sección de la rama anterior del nervio vago en un paciente y en los seis (13.04%) restantes por perforaciones de la mucosa esofágica o gástrica. De las seis perforaciones de la mucosa, cuatro se produjeron en pacientes con un esófago mayor de 5 cms. preoperatorio y en ninguna de ellas estaba relacionada con la utilización de cauterio.
Un 50% de estas perforaciones (3/6) fue reconvertida a cirugía abierta, siendo éstas reconversiones realizadas entre los años 1993 y 1995; las otras tres perforaciones posteriores a esas fechas fueron suturadas durante la técnica cerrada. Tras el alta,
un paciente desarrolló un hemotórax izquierdo que fue resuelto mediante la colocación de un tubo de tórax.

El tiempo de estancia postoperatorio fue de 3.8 días (mediana de 3) sin complicaciones postoperatorias inmediatas. No ha habido ningún caso de fístula postoperatoria y la mortalidad fue nula. El período de seguimiento medio fue de 33 meses (de 2 a 93 meses).

En cuanto a los resultados clínicos de la intervención, en 39/46 pacientes (84.78%) los resultados fueron excelentes con ausencia de síntomas, no recidiva de la disfagia y dieta de consistencia normal. En 6/46 pacientes (11.08%) se describieron episodios ocasionales de dolor retroesternal que referían como iguales a los preoperatorios con recidiva ocasional de la disfagia a sólidos. Todos estos pacientes presentaban en el preoperatorio ondas de alta presión y fueron tratados con antagonistas del calcio (nifedipino), mejorando todos ellos en posteriores revisiones, por lo que se atribuye dicha sintomatología a los espasmos esofágicos ya presentes preoperatoriamente.

En 1/46 (2.17%) el resultado obtenido es pobre con recidiva de la disfagia durante periodos prolongados desde los cuatro meses siguientes a la intervención y manometría compatible con acalasia, por lo que precisó reintervención quirúrgica a los dieciocho meses, desmontándose el antirreflujo previo y ampliando la miotomía previa (la reintervención fue mediante laparotomía). A los diez meses de la segunda intervención el paciente está asintomático y con controles con esofagograma y Phmetrícos normales. (Tabla 3).


A 40 de los 46 pacientes, en los 4 primeros meses de postoperatorio, se les realizó un esofagograma de control observándose en todos los casos -salvo en el reintervenido- reducción del diámetro esofágico y un tránsito esófago-gástrico ininterrumpido.
Phmetría se realizó en 37/46 pacientes también en los primeros meses del postoperatorio describiéndose RGE leve en 6/37 pacientes (16.21%), que fue tratado farmacológicamente mediante inhibidores de la bomba de protones.
Panendoscopia oral se realizó a 28/46 pacientes a los dos años de la intervención, hallándose esofagitis leve en dos de los pacientes, que fueron tratados con inhibidores de la bomba de protones. Un paciente remitido a otra ciudad por cambio de domicilio desarrolló un carcinoma epidermoide esofágico, falleciendo al año y medio de su diagnóstico. A este paciente se le había realizado una panendoscopia oral un año antes habiendo sido normal.


DISCUSIÓN

La esófagocardiomiotomía laparoscópica para el tratamiento de la acalasia está desplazando rápidamente a las técnicas abiertas. Al igual que otras intervenciones laparoscópicas, requiere de un adiestramiento que inevitablemente conducirá a una curva de aprendizaje en cuanto a resultados obtenidos. Es por tanto necesaria una experiencia previa en cirugía abierta de la acalasia, así como en cirugía laparoscópica, para la realización de esta técnica quirúrgica.

El diagnóstico, así como la indicación quirúrgica, deben de ser correctos siendo fundamental descartar la pseudoacalasia 1-4.

Las alternativas terapéuticas de la acalasia ya han sido expuestas en la introducción, aunque incidiendo en este asunto, insistimos en los siguientes datos: en primer lugar, el tratamiento farmacológico con antagonistas del calcio y nitratos de acción prolongado tienen una eficacia muy variable (0–75%) siendo el alivio de los síntomas temporal y frecuente la aparición de efectos secundarios como la hipotensión. Su utilización sólo estaría indicada en pacientes en los que esté contraindicada la dilatación y el tratamiento quirúrgico13. Las dilataciones neumáticas, con una efectividad promedio del 80%, requieren en muchas ocasiones (15–40%) la repetición de la sesión por ser su efecto temporal en estos casos; además es una técnica no exenta de complicaciones con tasas de perforación entre el 0–21 %, una mortalidad entre el 0.2 y el 1%, y una tasa de RGE superior al de la cirugía entre el 23- 35%13,14.

La inyección intraesfinteriana de toxina botulínica tiene una eficacia del 60-85%, y aunque apenas tiene efectos secundarios. Las tasas de recidiva son muy precoces y muy frecuentes, siendo del 50% a lo largo del primer año, lo que junto a su elevado precio limita su uso, estando sobre todo indicada en pacientes de alto riesgo quirúrgico y con corta expectativa de vida13,14.

La técnica más eficaz es la quirúrgica; nuestros resultados (84.78% de pacientes sin síntomas), al igual que los indicados en la literatura 1-12 , con eficacias entre el 85-90%, avalan a esta técnica aunque estudios de coste-beneficio publicados muestren a la esófago-cardio-miotomía laparoscópica como una técnica más cara que la dilatación neumática.

La mortalidad de la cirugía en distintas series es inferior al 1%1-12 y en nuestra serie no hemos tenido ningún caso de fallecimiento por la técnica. Las perforaciones acontecidas en nuestra serie fueron reparadas todas en la misma cirugía sin fístulas postoperatorias y en cuatro de ellas existía un megaesófago mayor de 5 cms como causa principal. Ninguna de estas perforaciones está relacionada con la utilización del cauterio, pues la sección se realiza con tijeras. La experiencia progresiva ha permitido ir resolviendo estas perforaciones sin necesidad de reconvertir la técnica. Aunque es un dato variable en la bibliografía (0–15%)1-14, el elevado número de perforaciones en nuestra serie (13%) debe estar en relación con el elevado número de cirujanos (7) que han intervenido a estos pacientes.

Por otro lado, el porcentaje de pacientes con reflujo postoperatorio (16% con reflujo leve, controlado con omeprazol y antiácidos) es similar a lo publicado por otros autores1-12. La realización de una hemifunduplicatura tipo D´or, aunque controvertida en la literatura en cuanto a los datos de reflujo gastroesofágico postoperatorio, sirve para proteger la zona intervenida y en nuestra serie ha permitido obtener unos resultados clínicos muy aceptables.

En cuanto a la longitud de la esófagocardiomiotomía, ésta se debe prolongar unos 8 centímetros hasta llegar a las fibras oblicuas gástricas, de la misma forma que se hace en la técnica abierta, para evitar recidiva sintomática. La única recidiva/persistencia clínica que tenemos en nuestra serie posiblemente se deba a la sección incompleta de dichas fibras en la primera intervención.

Respecto a la complicación intraoperatoria más seria, la perforación mucosa, puede ser suturada de forma segura durante la laparoscopia sin precisar reconversión de la técnica, aunque para nosotros, en la primeras fase de la serie, era un motivo de reconversión del abordaje a cirugía abierta.

El seguimiento de estos pacientes es principalmente clínico. La realización y frecuencia de panendoscopias orales en el postoperatorio es también controvertida, aunque estamos de acuerdo con la realización de las mismas al menos cada dos años desde la intervención.



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