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REVISIÓN DE NUESTRA
EXPERIENCIA TRAS 1000 COLECISTECTOMÍAS LAPAROSCÓPICAS.
Pagán Pomar, Alberto (1), Lliteras Jorge, Joan (2), Martí
Corbella, Alejo (1), Soro Gosálvez, José Antonio (3)
Correspondencia:
Pagán Pomar Alberto. Servicio de Cirugía General. Hospital
Universitario de Son Dureta. C/ Andrea Doria, 55 CP.: 07014 Palma Mallorca.
Baleares.
Correo-e: ajpagan@terra.es
RESUMEN
Se presentan los resultados de nuestra serie de mil colecistectomías
realizadas entre enero de 1.995 a junio de 2.002. La principal indicación
para la colecistectomía fue el cólico biliar. La conversión
en la serie fue del 7,8 % de los casos, con una morbilidad intraoperatoria
del 1,1% con dos lesiones de vía biliar principal. No se realizó
colangiografía intraoperatoria basando la selección en los
parámetros clínicos, analíticos, ecográficos
y de la colangiorresonancia. El tratamiento de la coledocolitiasis fue
mediante CPRE previa a la inclusión en programa quirúrgico.
La colecistectomía laparoscópica es en nuestro medio el
tratamiento de elección de la colelitiasis, siendo una técnica
eficaz y segura en la medida en que la selección de los pacientes
es rigurosa.
INTRODUCCIÓN
La colelitiasis es una de las enfermedades más comunes del mundo
occidental. Desde que en 1987 Mouret realiza la primera colecistectomía
laparoscópica en Lyon, esta nueva técnica se ha convertido
en el tratamiento de elección de la litiasis biliar no complicada,
al ser un método seguro, reproducible y que permite, por su mínima
invasión, una rápida recuperación del paciente y
su control ambulatorio, lo que disminuye los costes hospitalarios1,2.
En los últimos años hemos asistido a la publicación
de algunas series españolas con un número de casos importante,
lo que permite sacar conclusiones de su experiencia. Presentamos un trabajo
descriptivo siendo sus objetivos exponer los resultados en nuestro medio
tras haber realizado mil colecistectomías consecutivas y contrastar
que dichos resultados concuerdan con la bibliografía existente.
PACIENTES y METODO
Entre enero de 1995 y junio de 2002 se han realizado mil colecistectomías
laparoscópicas en nuestro servicio. Aunque la técnica en
nuestro hospital se inicia en abril de 1993, se han desestimado las primeras
doscientas colecistectomías, realizadas hasta diciembre de 1994,
entendiendo que la curva de aprendizaje no permite determinar de modo
adecuado las posibilidades de la técnica y sesga los resultados
de la serie. Los pacientes estudiados ambulatoriamente y tras la aceptación
de la técnica han sido incluidos para cirugía laparoscópica
según un protocolo prospectivo. Dicho protocolo ha sufrido modificaciones
relacionadas fundamentalmente con el grado de experiencia del equipo quirúrgico.
Tabla 1
El protocolo incluye la realización de una historia clínica
completa y su exploración física pertinente; la realización
de una analítica con perfil hepático y la ecografía
biliar. Entre los criterios de sospecha de coledocolitiasis han sido incluidas
la colangitis, la ictericia obstructiva, la pancreatitis aguda, la persistencia
de dos controles analíticos con alteraciones del perfil hepático,
y la ecografía con coledocolitiasis o con un diámetro superior
a 6 mm. Inicialmente, cuando existía sospecha de coledocolitiasis
se practicaba previamente una colangiopancreatografía retrograda
endoscópica, con o sin papilotomía, según los hallazgos.
Actualmente ha sido sustituida en los pacientes sin ictericia obstructiva
por una colangiorresonancia y, posteriormente, una papilotomía
endoscópica si es necesaria, previa a la cirugía, que se
realiza en otro ingreso.
La profilaxis antitrombótica con HBPM se utilizó sistemáticamente
en los primeros pacientes a los que se asociaban medias para disminuir
el riesgo de trombosis, para pasar a usarla únicamente en pacientes
con factores de riesgo en los siguientes. La profilaxis antibiótica
que se realiza con amoxiclavulánico o cefuroxima en monodosis se
utiliza en todos los pacientes. Realizamos la colecistectomía laparoscópica
según la escuela francesa con cuatro trócares. Inicialmente
se usó la aguja de Veress para la formación del neumoperitoneo,
que fue sustituida posteriormente por la técnica abierta mediante
trocar de Hasson supraumbilical. El pedículo de la vesícula
se expone para esqueletizar el conducto y la arteria cística previo
al clipaje doble sin realizar colangiografía peroperatoria de forma
rutinaria. Cuando no se ha podido realizar un lavado adecuado se coloca
un drenaje de penrose. La endobag se utiliza cuando se produce la apertura
accidental de la vesícula.
RESULTADOS
Se inició el programa con tres cirujanos, y posteriormente han
participado hasta cinco cirujanos apoyados por los residentes de cuarto
y quinto años, que han realizado el 17 % de las colecistectomías.
La serie de mil pacientes tiene una edad media de 53 años (rango
de 18 a 82 años), de los cuales el 80 % eran mujeres. El 22% de
los pacientes eran obesos; con sobrepeso y obesidad grado I en el 76%
de los casos. El 12% de los pacientes habían sido intervenidos
previamente: un 12% con cirugía supraumbilical y un 83% infraumbilical,
fundamentalmente por causa ginecológica.
La sintomatología clínica que motivó la indicación
quirúrgica fue: cólico biliar en el 61,4%, colecistitis
en el 23,9%, pancreatitis en 12% y otras, o no especificadas, en 2,7%.
Previamente se realizaron 42 papilotomías endoscópicas en
73 pacientes con sospecha de coledocolitiasis.
El tiempo medio medio operatorio fue de 52 minutos (20-180 minutos), con
una estancia hospitalaria de 3 días que incluye el ingreso la tarde
previa. Los hallazgos operatorios incluyeron vesículas con paredes
normales en el 51,6 % y adherencias con epiplón el 16% y a tubo
digestivo con 8%. Existió algún grado de fibrosis postcolecistítica
en el 13,4% y en el 4,5% la vesícula fue escleroatrófica.
En 128 pacientes se perforó la vesícula biliar durante la
intervención, lo que preciso la extracción con bolsa. La
conversión a laparotomía ocurrió en el 7,8% del total
de laparoscopias, siendo por dificultad técnica en la mayoría
de casos, y obligada por complicaciones en once pacientes (ocho lesiones
hemorrágicas a destacar dos de ellas por lesión de
vaso parietal y una lesión de una arteria del mesenterio-, una
perforación de vesícula biliar que impedía la exposición
del pedículo y dos lesiones de vía biliar principal).
La morbilidad postoperatoria fue del 8,3%, clasificándola en complicaciones
de herida quirúrgica en 60 pacientes, con infección de la
herida en 41, seguido de eventración de la puerta umbilical constatada
tras el seguimiento en 19 pacientes; complicaciones intraabdominales en
10 casos con 2 coleperitoneos por fuga a través del muñón
cístico, y 3 hemorragias en el postoperatorio inmediato que motivaron
reintervención y 5 biliomas que fueron drenados percutáneamente.
En 13 pacientes se constató litiasis residual resuelta por papilotomía
endoscópica y 13 pacientes presentaron una fístula biliar
autolimitada. En la serie hubo un fallecimiento debido a una arritmia
en una paciente en el postoperatorio inmediato.
DISCUSION
La curva de aprendizaje es un concepto a abolir cuando ya esta protocolizada
la actuación ante la colelitiasis. Cuando ya existe experiencia
de diferentes grupos de cirujanos, creemos cuestionable asumir en la actualidad
resultados derivados de la curva de aprendizaje3.
En la actualidad esta fuera de toda duda que el abordaje de la vesícula
biliar tiene en la laparoscopia su principal indicación4. Después
de la realización de series amplias, es el momento de exponer los
resultados y definir aquellas particularidades de la técnica que
cada grupo de trabajo ha establecido para que puedan ser sometidas a debate.
La SAGES (Society of American Gastroendoscopy Surgeons), en un trabajo
sobre 14.243 pacientes, concluyó que en las lesiones producidas
por la inserción de aguja de Veress y trocares no tenían
relación el tipo de trocar o la técnica cerrada (Aguja de
Veress) o abierta (Trocar de Hasson)5. En nuestro medio queremos resaltar
que el abordaje mediante trocar de Hasson significó una disminución
de las complicaciones atribuidas a la realización del neumoperitoneo.
La lesión de aorta se relacionó con la introducción
de la aguja de Veress; fue punción de la aorta en una paciente
delgada. Otros autores como Bernard informan de lesiones relacionadas
con la formación del neumoperitoneo que nos llevan a no minimizar
este acontecimiento2,6.
Realizamos profilaxis con amoxiclavulánico o cefalosporina de segunda
generación en mono-dosis, a preferencia del cirujano, sin que haya
habido una diferencia en la incidencia de infección ni con el uso
de esta alternancia en el antibiótico ni cuando se produjo la apertura
de la vesícula, en el 96% de modo accidental. Otros autores tampoco
informan de un aumento en el número de complicaciones relacionado
con la perforación de la vesícula7.
Nuestro grupo esta formado por cinco cirujanos que han ido alternándose
a lo largo de este periodo de tiempo (y que han realizado el 83% de todas
las vesículas), a los que se han sumado posteriormente otros componentes
del servicio. Aunque inicialmente se planteó como un objetivo e
incluso en un momento de la serie se realizó de modo sistemático
en un pequeño grupo de paciente (54 casos), no se ha realizado
colangiografía peroperatoria en todos los pacientes, del mismo
modo que se preconizó su abolición en cirugía abierta
con el consiguiente ahorro de material y tiempos quirúrgicos. La
selección rigurosa de los pacientes es lo que nos permite mantener
esta actitud restrictiva sobre este aspecto técnico en función
de optimizar los tiempos asignados. No estamos de acuerdo en que su uso
prevenga la lesión de la vía biliar. Como informan Duran8
y Olsen9, cuando se realiza la colangiografía la lesión
ya esta producida, por lo que cuando se sospecha su existencia somos partidarios
de reconversión a cirugía abierta. No debemos olvidar tampoco
el 2-16% de falsos positivos y que hasta en un 5-10 % no puede ser realizada10.
Entre los factores que inducen a la reconversión hemos comprobado
la relación de ésta con los hallazgos ecográficos,
observando más reconversión en pacientes con vesícula
escleroatrófica o con pared engrosada. El factor que induce a la
conversión es la dificultad de identificar las estructuras del
hilio biliar en este grupo de pacientes. La serie tiene un índice
bajo de conversión, similar a la que indica Balagué11, atribuida
sin duda al escaso número de cirujanos de la serie y al mantener
unos criterios de inclusión estables basados en los resultados
de nuestras primeras revisiones. Es evidente que al adquirir experiencia
se intentan incluir grupos de pacientes con patología más
compleja, que sin duda puede llevarse a cabo en algunos casos, pero que
tiene como tributo una mayor tasa de reconversión. En el trabajo
de Fletcher se indica que el número de lesiones de la vía
biliar permanece invariable a pesar de la mayor la experiencia de los
cirujanos, lo que sin duda creemos que afecta a la selección de
los pacientes12.
La lesión de vía biliar principal fue sospechada durante
el acto quirúrgico, practicando en una paciente una coledocoyeyunostomia
terminolateral y en otra paciente una reparación con anastómosis
primaria coledocal sobre un fiador de Kehr. La primera lesión se
realizó durante la curva de aprendizaje e hizo reconsiderar la
técnica protocolizando la disección de las estructuras del
hilio biliar sin seccionarlas hasta su perfecta identificación.
La segunda lesión se produjo por tracción en un colédoco
laxo que formó tienda de campaña.
En la serie han existido 55 coledocolitiasis, de las que 42 fueron tratadas
preoperatoriamente y 13, por inadvertidas, fueron extraídas en
el postoperatorio. Aquellos pacientes en los que la papilotomía
no fue eficaz fueron derivados a cirugía abierta. Actualmente parece
que la tendencia es a tratar a los pacientes con coledocolitiasis por
abordaje laparoscópico, aunque creemos que ello debe ajustarse
a las características de cada centro y de la disponibilidad de
colangiopancreatografía con fines terapéuticos. La tendencia
en nuestro grupo, como sugiere Castellón, es la de documentar previamente
a aquellos pacientes con sospecha de coledocolitiasis de riesgo moderado
o intermedio realizando colangioangiorresonancia, para únicamente
realizar colangiopancreatografía a los pacientes con riesgo elevado
de coledocolitiasis que probablemente requieran una papilotomía13.
CONCLUSIONES
Las innovaciones tecnológicas permiten hoy día conocer la
realidad del proceso litiásico y su repercusión en la vesícula
y en la vía biliar principal. Promoviendo la técnica laparoscópica,
y aceptando que el medio terapéutico ideal para el tratamiento
de la colelitiasis es este abordaje, somos partidarios de mantener la
selección rigurosa de los pacientes para optimizar los resultados,
gestionar adecuadamente los recursos y ofrecer a cada paciente una cirugía
personalizada.
Con respecto al desarrollo técnico, somos siempre partidarios del
acceso controlado que permite el trocar de Hasson cuando es preciso sacar
la pieza anatómica extirpada para minimizar las complicaciones
durante la formación del neomoperitoneo. Por último, en
aquellos centros que dispongan de capacidad para realizar una papilotomía
endoscópica, la introducción del abordaje laparoscópico
del colédoco deberá garantizar los mismos resultados que
aquella obtiene.
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