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LINFOCELE TRAS TRANSPLANTE RENAL:
DIAGNÓSTICO Y OPCIONES TERAPÉUTICAS
C. Pardo Martínez, M.J. Pérez Contín, C. Hernández
Pérez, M.J. Peña Soria, J. Álvarez Fdez-Represa.
Servicio de Cirugía General y Digestiva I. Hospital Clínico
San Carlos. Madrid.
e-mail:crispardomar@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
El transplante renal es, hoy en día, el más realizado en
todo el mundo, con unas tasas de éxito muy grandes y una importante
mejora en la calidad de vida de los pacientes transplantados. Sin embargo
esta cirugía, pese a ser bien conocida, no está exenta de
complicaciones. Una de las más importantes desde el punto de vista
quirúrgico, aparte del rechazo del injerto, es la aparición
de un linfocele en el lecho del injerto.
Su incidencia varía en la literatura entre el 0.6 y el 18%. La
mayoría de los casos son asintomáticos, se detectan en ecografías
de control y no precisan tratamiento. En cambio, si su tamaño supera
los cinco centímetros pueden causar dolor, trombosis de la vena
renal, obstrucción ureteral con aumento de los niveles séricos
de creatinina e incluso pérdida del injerto por disminución
del flujo sanguíneo renal por compresión de la arteria.
En estos casos está indicado su tratamiento.
El diagnóstico se establece mediante la clínica y exploración
física en la que se palpa una tumoración blanda en la localización
del injerto. La ecografía es la prueba de imagen de elección
en todos los casos, aunque se puede recurrir posteriormente a la TAC para
establecer la posición del linfocele, así como su relación
con el injerto, de cara a la cirugía.
Dentro de las opciones terapéuticas están la aspiración
simple mediante la colocación de un drenaje externo guiado por
ecografía o TAC, con una tasa inaceptable de recurrencias que varía
entre el 50 y el 80%; la inyección de sustancias esclerosantes
tipo povidona yodada o alcohol, con un alto riesgo de sobreinfección;
y por último el drenaje quirúrgico mediante la creación
de una ventana peritoneal, vía abierta o laparoscópica,
esta última descrita en 1991 por Mc Cullough (1) y Ancona (2).
CASO CLÍNICO
Se presenta el caso de una paciente de 55 años con insuficiencia
renal terminal secundaria a poliquistosis renal que recibió un
transplante renal de cadáver colocado en fosa ilíaca derecha,
y que dos años después ingresa por edema en el miembro inferior
derecho e hipertensión arterial. A la exploración se palpa
una masa medial al injerto. La ecografía muestra una colección
líquida medial al injerto y lateral a la vejiga (Fig.1), localización
que confirma la TAC, en la que podemos observar la uropatía obstructiva
con importante dilatación del sistema pielocalicial secundaria
a la compresión del mismo por el linfocele (Fig.2).
Se decidió intervenir a la paciente por vía laparoscópica
para drenar el linfocele. Bajo anestesia general y en posición
de decúbito supino, se introdujo un trócar de Hasson infraumbilical
mediante técnica abierta para, a continuación, insuflar
neumoperitoneo con CO2 hasta 12 mm Hg e introducir la óptica. Bajo
visión directa se introdujeron dos trócares más de
ayuda: uno de 5 mm suprapúbico y otro de 10 mm en hipocondrio
vacío derecho (Fig.3)
Una vez identificado el linfocele, tanto por su aspecto (abombando el
peritoneo por encima del implante) como por la sensación táctil
al tocar la tumoración con una pinza (blanda, con contenido líquido)
(Fig.4), se procedió a su drenaje.
La apertura del peritoneo con tijera provocó el drenaje del linfocele,
que se aspiró (Fig.5). Para evitar que se coleccionara de nuevo
se extirpó parte del peritoneo que cubría el linfocele (fenestración)
y también se introdujo una porción de epiplon en la cavidad
(epiploplastia). La intervención consiguió la resolución
del problema clínico y radiológico de la paciente.
DISCUSIÓN
Nuestro equipo, de acuerdo con la Unidad de Transplantes del Servicio
de Nefrología del Hospital, realiza de forma sistemática
el drenaje laparoscópico de los linfoceles post-transplante renal.
Esta técnica tiene la ventaja, frente a la cirugía abierta,
de ausencia de íleo postoperatorio, lo que permite no tener que
suspender el tratamiento inmunosupresor vía enteral, dado que la
ingesta oral se puede reiniciar a las 12 horas de la cirugía. Además,
el abordaje laparoscópico presenta una menor tasa de recidivas,
un 4% frente al 15% de la cirugía abierta, y supone un mayor confort
para el enfermo, así como un menor riesgo de infección y
un menor coste (Tabla 1. Ventajas) (3).
| Tabla 1.
VENTAJAS SOBRE LA VÍA ABIERTA |
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- Ausencia de íleo
postoperatorio
|
- Posibilidad de continuar
con el tto IS enteral
|
- Menor tasa de recidivas
(4% vs 15%)
|
- Mayor confort del paciente
|
- Menor riesgo de infección
|
- Menor coste
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Por el contrario, la laparoscopia tiene la desventaja de una posible
lesión de la vía urinaria que alcanza una incidencia de
hasta un 7%, frente al 1.6% de la cirugía abierta (3). Sin embargo,
ese porcentaje depende, en gran medida, de la experiencia del cirujano
y puede reducirse con maniobras que identifiquen la vía urinaria
(Tabla 2. Desventajas). Hay autores que proponen la realización
de ecografía intraoperatoria laparoscópica para identificar
el injerto, el hilio renal, el uréter, los vasos ilíacos
y el linfocele, y así evitar la lesión de cualquiera de
esas estructuras y disminuir la incidencia de lesiones yatrogénicas
(4).
| Tabla 2.
DESVENTAJAS EN RELACIÓN CON LA VÍA ABIERTA |
|
- Lesión de la Vía
Urinaria (7% vs 1,6%)
|
Todavía está por definir la posición que ocupa
el drenaje laparoscópico en el arsenal terapéutico del linfocele
postransplante. Hay autores que consideran que el drenaje percutáneo
y la escleroterapia con tetraciclina o etanol deben ser los tratamientos
de primera elección, reservando la fenestración laparoscópica
para los casos de recurrencia (5). Como alternativa a la cirugía
abierta, el abordaje laparoscópico tiene ventajas obvias tanto
técnicas como clínicas (Tabla 1. Ventajas). La adquisición
progresiva de experiencia en la técnica y la incorporación
de métodos de imagen intraoperatorios como la ecografía
laparoscópica, deben conducir a la progresiva reducción
de la incidencia de lesión de la vía urinaria.
BIBLIOGRAFIA
1. Mc Cullough CS, Soper NJ, Clayman RV, So SS, Jendrisak MD, Ha DW. Laparoscopic
drainage of a postransplant lymphocele. Transplantation 1991;51(3):725-727.
2. Ancona E, Rigotti P, Zaninotto G, Comandella MG, Morpurgo E, Constantini
M. Treatment of lymphocele following renal transplantation by laparoscopic
surgery. Int Surg 1991;76(4):261-263.
3. Cadrobbi R, Zaninotto G, Rigotti P, Baldan N, Sarzo G, Ancona E. Laparoscopic
treatment of lymphocele after kidney transplantation. Surg Endosc 1999;13(10):985-990.
4. Risaliti A, Corno V, Donini A, Cautero N, Baccarani U, Pasqualucc Terrosu
G, Cedolini C, Bresadola F. Laparoscopic treatment of symptomatic lymphoceles
after kidney transplantation. Surg Endosc 2000;14(3):293-295.
5. Doehn C, Fornara P, Fricke L, Jocham D. Laparoscopic fenestration of
postransplant lymphoceles. Surg Endosc 2002;16(4):690-695.
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