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CIRUGIA DEL CANCER COLORRECTAL: MINIMA INVASIÓN – MÁXIMA RESPONSABILIDAD

 

E. ORTIZ OSHIRO

Hospital Ruber Juan Bravo, Madrid


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Hace muy poco tuve la oportunidad de participar por primera vez en mi vida en una reunión de pacientes. Fue una experiencia maravillosa que agradezco desde aquí de todo corazón a Emilio Iglesia Castro, Presidente de la Asociación de Pacientes de Cáncer Colorrectal Europacolon España.

 

Traigo a este Editorial un resumen de mi participación en la Mesa de Terapias de la Jornada de X Aniversario de Europacolon España. Se trataba de contar como ha evolucionado el tratamiento de esta patología en los últimos diez años, desde el punto de vista quirúrgico. Decidí hacerlo desde mi propia experiencia.


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Como es bien sabido, la cirugía del cáncer colorrectal (del mismo modo que la mayor parte de los procedimientos quirúrgicos) ha evolucionado en los últimos años del abordaje abierto tradicional a las técnicas laparoscópicas, más o menos asistidas por minilaparotomías, y de ahí al “puerto único” o la cirugía “por orificios naturales” y, sobre todo en el caso del cáncer de recto, a la cirugía asistida con robot Da Vinci. 


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El primer hospital español que incorporó la tecnología robótica en Cirugía General y Digestiva y en el sistema de salud público fue el Hospital Clínico San Carlos, que inició su Plan de Cirugía Robótica en julio de 2006 y gracias al cual en la actualidad poseo una amplia experiencia en el tratamiento quirúrgico robótico del cáncer colorrectal, entre otras patologías.


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La utilización del robot Da Vinci aporta ventajas técnicas muy significativas a la cirugía minimamente invasiva. La visión 3D, la extrema precisión de los instrumentos, la ausencia de temblor, la capacidad de articulación de las puntas de los instrumentos, la comodidad con que trabaja el cirujano… todo ello contribuye a aumentar la seguridad y la calidad de las intervenciones, y a reducir la posibilidad de que sea necesario convertirlas a cirugía abierta. Esto ha sido ampliamente demostrado en la literatura para el cáncer de recto (1). 


Se puede afirmar que la progresión tecnológica ha sido (y sigue siendo) muy importante, y en este momento los cirujanos hacemos las cosas técnicamente muy bien, y de forma muy poco agresiva. Por eso es el momento de mover el foco: ya somos capaces de tratar muy bien al órgano, ¿qué tal si ahora nos ocupamos de tratar muy bien al paciente que lo contiene?  


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Bajo mi punto de vista, este es el siguiente paso. Se trata de superar el clásico paradigma de la “medicina autoritaria”, más consolidado si cabe en el ámbito de las especialidades quirúrgicas. Tenemos que ser capaces de evolucionar en nuestra relación con el paciente y proporcionarle la información y la confianza necesarias para que pueda hacerse responsable de su proceso y para que se sienta seguro en el tratamiento. Tenemos que ampliar nuestra visión de la enfermedad. El paciente no es “una vesícula”, o “un tumor de colon”. Tenemos que ser empáticos y al mismo tiempo respetuosos. Tenemos que ser capaces de ponernos en el lugar del otro, sin perder nuestro papel en el proceso terapéutico (2).


Propongo que construyamos una “relación terapéutica” con cada uno de nuestros pacientes. Una relación que tenga en cuenta su personalidad, sus creencias y su formación, y le capacite para tomar decisiones. Una relación que sirva para que el propio paciente sea el pilar fundamental de su curación. 


El concepto de Cirugía Integral, así entendido, sería un taburete con tres patas:


- La relación cirujano – paciente basada en confianza y responsabilidad

- La cirugía mínimamente invasiva (o lo menos agresiva posible)

- La utilización de todas las terapias complementarias a nuestro alcance para mejorar el postoperatorio (si hay acuerdo cirujano – paciente) 



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Me refiero a una mentalidad abierta por parte de nosotros los profesionales de la salud. Una mentalidad que contemple la posibilidad de que haya mecanismos emocionales o bioneuropsíquicos en la génesis de las enfermedades, que respete los criterios de los pacientes, y que no se cierre en banda a la introducción de terapias como el mindfulness, el yoga, las técnicas respiratorias o de visualización, y a la utilización de suplementos naturales o de homeopatía, en el postoperatorio de los pacientes, junto a los tratamientos más ortodoxos. 


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Porque en la génesis del cáncer (de todos los cánceres) hay dos factores a los que se les concede muy poca importancia, frente a la preponderancia del factor genético en la ciencia actual, y que sin embargo son muy importantes. Uno es el factor alimentación. Numerosos estudios han demostrado la relación entre una dieta rica en grasa y azúcares y varios tipos de cáncer, como el colorrectal. Es evidente que la incidencia de cáncer colorrectal es mucho más alta en los países más desarrollados que en los países del llamado “tercer mundo”, donde la dieta dista mucho de los excesos que “disfrutamos” en Occidente. Recomiendo la lectura del libro “El estudio de China” que recoge de forma muy amena e interesante los resultados de estudios bastante desconocidos sobre nutrición y salud (3).


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“Las fuerzas naturales que se encuentran dentro de nosotros son las que verdaderamente curan las enfermedades” HIPÓCRATES



El otro factor, del que la mayoría de los pacientes nos dan lecciones a la mayoría de los médicos, es el factor emocional. Actualmente hay muchos profesionales hablando y escribiendo sobre la relación entre nuestra psique, nuestra mente, nuestros sentimientos y nuestro cuerpo físico, a través de sistemas como el inmunológico, el endocrino y el nervioso (4,5). Creo que ya no es posible negar la evidencia.


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No es posible, porque la literatura científica pone de manifiesto cada vez con más insistencia que los pacientes recurren a las terapias complementarias (o alternativas) de forma creciente, a pesar de que esto sale de su bolsillo, ya que no suelen estar incluidas en los sistemas de salud. Además de analizar las razones por las que esto ocurre (no sirve de nada juzgar a las personas, y podría ser que este hecho refleje un cierto grado de “fracaso” de las terapias que utilizamos de forma habitual), esto nos obliga a ser conscientes de que existen estas terapias, a conocerlas y a tener una visión de ellas que mantenga nuestra relación con nuestros pacientes. Puede que haya mucho que aprender de ellos (6,7,8).



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Por otra parte, la literatura también abunda en terapias que pueden mejorar la calidad de vida y los resultados clínicos tras la cirugía por cáncer (9). Es muy interesante el papel de la medicina tradicional china para paliar los efectos secundarios de la quimioterapia (10,11).


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En la hermosa ciudad de Kyoto existe un templo llamado Ryoanji. En la parte de atrás de este templo hay un pozo. En el brocal de este pozo hay un interesante mensaje, con el que acabo este Editorial y agradezco la atención de mis lectores:


“SOLO APRENDO PARA SER FELIZ”





 

1. Ortiz Oshiro E, Sánchez Egido I, Moreno Sierra J, Fernández Pérez C, Sánchez Díaz J, Alvarez Fernández-Represa J. Robotic assistance may reduce conversion to open in rectal carcinoma laparoscopic surgery. Systematic review and metaanalysis. Int J Med Robotics Comput Assist Surg 2012;8:360-370
2. Ortiz Oshiro E. The magic of surgery – Focusing surgery on the patient: from minimal access to integrative surgery. En Penedo E, Schiappa JM “The future of General Surgery” Ed. Sociedad Portuguesa de Cirugía. Lisboa, Portugal. Pags. 73-78. ISBN: 978-989-20-5552
3. Campbell TC, Campbell TM II. El Estudio de China. Ed Benbella Books. Dallas, Tx, USA. 2012. Traducido por Ed Sirio. ISBN: 978-1-935618-78-2
4. Corbera E, Batlló M. Tratado en Bioneuroemoción. Ed. El grano de mostaza. ISBN: 978-849-427963-8
5. Fletche C. El origen emocional de las enfermedades. Guía práctica para identificar la causa psicológica de los trastornos de salud. Ed. Obelisco. ISBN: 978-8416-192311
6. Tough SC, Johnston DW, Verhoef MJ, Arthur K, Bryant H. Complementary and alternative medicine use among colorectal cancer patients in Alberta, Canada. Altern Ther Health Med 2002;8(2):54-6, 58-60, 62-4.
7. Molassiolis A, Fernández-Ortega P, Pud D, Ozden G, Platin N, Hummerston S, Scott JA, Panteli V, Gudmundsdottir G, Selverekova S, Patiraki E, Kearney N. Complement Ther Med 2005;13(4):251-7
8. Black DS, Lam CN, Nguyen NT, Ihenacho U, Figueiredo JC. Complementary and integrative health practices among hispanics diagnosed with colorectal cáncer: utilization and communication with physicians. J Altern Complement Med 2016;22(6):473-9
9. Sewitch MJ, Raiput Y. A literature review of complementary and alternative medicine use by colorectal cancer patients. Complement Ther Clin Pract 2010;16(1):52-6
10. Chien TJ, Liu CY, Lu RH, Kuo CW, Hsu CH. Therapeutic efficacy of Traditional Chinese Medicine, “Kuan-Sin-Yin”, in patients undergoing chemotherapy for advanced colon cáncer – A controlled trial. Complement Ther Med 2016;29:204-212
11. Ye L, Jia Y, Ji K, Sanders AJ, Xue K, Ji J, Mason MD, Jiang WG. Traditional Chinese Medicine in the prevention and treatment of cancer and cancer metástasis (Review). Oncol Lett 2015;10:1240-50

 


 

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